Busquets, Cesc y Pedro, reyes de una cabalgata de media hora

Este FC Barcelona ya no es el equipo del primer tramo del curso, una máquina de ganar partidos pero cuyo juego no acababa de cuajar del todo: de ahí la gran cantidad de goles en contra que recibió en otoño. Pero Tito Vilanova ha ido afinando el instrumento, corrigiendo las notas asonantes y regularizando los tempos hasta dar con un estilo de juego que aunque es heredero del Pep Team (y otras versiones anteriores que ya no hace falta enumerar), supone una evolución tan clara como pragmática. El Barça ya no sólo devora a sus rivales por pegada, con Messi haciendo de todo en su papel de Santísima Trinidad, sino que funciona como una orquesta sinfónica en la que brillan con mucha fuerza los otrora secundarios.

Xavi e Iniesta siguen estando ahí, siempre. El salto evolutivo de los blaugranas en el presente viene de la mano de los dos futbolistas que han de marcar su futuro: Fàbregas y Busquets. Cesc vivió su primer año en una indefinición que ni él mismo era capaz de concretar. Su rol en el equipo estaba claro: formar parte de la ortodoxia que marca Xavi y, al mismo tiempo, aportar esa anarquía destructora tan inglesa. De la mano de Tito por fin ha encontrado su sitio, aunque ninguno de los dos pueda definir cómo deberíamos llamar a la posición que ocupa el de Arenys en el campo. Sin ir más lejos, ayer no rompió al Espanyol llegando en segunda línea por el carril central, sino que apareció por la izquierda, brillando en el rol que se le suponía a Iniesta como falso extremo izquierdo.

Busquets ya no sólo es el cancerbero que guarda las puertas del infierno. Vilanova le exige más y el de Badía está respondiendo con matrícula de honor. Imperial en el corte, tanto en el repliegue defensivo como en la presión adelantada, ahora Busi es un actor principal en la creación de juego. El balón pasa por él muchas veces y ya no sólo como esa pared móvil en la que Xavi e Iniesta se apoyaban, sino que él mismo se encarga de confeccionar el inicio de las jugadas (lo que libera a Xavi de varios kilómetros por partido, algo vital para que El Creador no se queme tanto como el curso pasado, totalmente desfogado en el último tramo de la temporada).

Del mismo modo que Messi no deja de sorprendernos demostrando cómo sigue mejorando en muchos aspectos (¿quién no ha dicho ya aquello de sólo le faltaba que empezara a meter faltas?), Busquets no para de crecer y estamos lejos de ver su techo, pues como no me canso de recordar, sólo tiene 24 años. Su asistencia a Pedro en el tercer gol es una muestra de ello. Sergio ya no sólo juega sencillo, sino que ha aumentado su clarividencia para romper líneas con entregas más largas. Ya es el único centrocampista defensivo de un equipo de élite que no necesita un escudero, manteniendo viva la estirpe de Mauro Silva y Fernando Redondo, y si acaba dominando también el desplazamiento en largo, ni siquiera los que a día de hoy se empecinan en no fijarse en él, podrán seguir mirando a otro lado.

Mientras los cavernícolas con puente aéreo se desgañitan con el caso Villa/Alexis, Pedro se le has colado por la espalda para convertirse en el complemento fijo de Messi, siempre pendiente de hacer lo contrario al argentino: ora ensancho el campo, ora le doy profundidad. Ayer recuperó la puntería de cara a puerta con un doblete. 3-0 en 25 minutos. Fin de la historia, con un último capítulo ensuciado por el piscinazo de Cesc que se comió el árbitro, que sirvió para que Messi no faltase a su cita con el gol en un partido bastante discreto del Diez.

El Espanyol de Javier Aguirre no pudo más que hacer de sparring y llevarse una buena paliza nada más entrar en el cuadrilátero. Su mérito estuvo en no perderle la cara al partido del todo y resistirse a llevarse una goleada más escandalosa. El Vasco deberá hacer que sus futbolistas olviden pronto otra agria visita a su íntimo enemigo para encarar el nuevo tramo liguero en el que ha de luchar para salir de los puestos de descenso que ahora ocupa.

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Gracias: NdF


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