David Villa recupera la sonrisa

Hace tres años David Villa se elevó hasta una nube cuando firmó un contrato con el Barcelona. Dejaba el Valencia para aspirar a ganar títulos con el club azulgrana, para conseguir otro tipo de gloria. Y lo hizo. Ganó la Liga y la Liga de Campeones con rol aceptable hasta que llegó la maldita lesión del Mundial de Clubes en el mes de diciembre de 2011. Una fractura que le impidió acudir a la Eurocopa de Ucrania y Polonia y que cortó su progresión en el Barcelona.

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Este tramo de angustia puso a David en uno de los peores escenarios, pero no se arrugó. Trabajó duro, perdió peso, se machacó en sesiones interminables de fisioterapia… pero no encontró las sensaciones del goleador. Entonces se sintió entre desplazado y sometido en un equipo como el Barcelona hasta el punto de sentarse en su casa, con su familia, con las manos sujetando las sienes. No había otra salida. Su papel en el Barcelona era secundario y estaba en peligro el Mundial de Brasil, pese a que entró en la lista de la Copa Confederaciones. ‘Los roles se seleccionan’, pudo pensar Villa, a sabiendas que esa teoría cuenta con un corto recorrido.

Tenía que salir del Barcelona. Recuperar al Villa determinante y goleador. A la persona y al deportista porque con 31 años no hay mucho tiempo para probaturas. Enseguida le llegaron los cantos de sirena de varios equipos hasta que finalmente le ha cuadrado a todas las partes la oferta del Atlético de Madrid. Ahora el ’7′ de España inicia una nueva etapa. Con una sonrisa de dentífrico de oreja a oreja. Una especia de ‘segunda juventud’ porque el olfato goleador nunca se pierde. Es innato. Y la selección española precisa a su delantero, ahora que hay una crisis del ’9′. Tiene un año para demostrarlo en el Calderón y para hacer olvidar a Radamel Falcao. Un reto complejo para el máximo goleador de España.

Foto @ Carmelo Rubio.

gracias: laenergiadelaroja