El partido más incómodo para ‘La Roja’: España no reconoce a Kosovo desde que se declaró independiente en 2008

Las competiciones deportivas internacionales a veces producen extraños compañeros de cama, pues el azar a veces logra lo que por otras vías parecería imposible. Algo parecido le ha ocurrido a España, que para clasificarse para el próximo Mundial de Fútbol de Catar en 2022 tendrá que imponerse a Suecia, Grecia, Georgia… y Kosovo.

Nada en la composición del grupo resultaría extraño de no ser porque España no reconoce la soberanía de Kosovo como Estado y, por tanto, no tiene relaciones diplomáticas de ningún tipo con la nación balcánica. De hecho, desde que Kosovo declarara unilateralmente su independencia de Serbia en 2008, los diferentes Gobiernos españoles han evitado concienzudamente mostrar cualquier gesto del que pueda interpretarse el menor signo de reconocimiento.

Hasta el punto de que, como recuerda El Confidencial, la mera presencia de un representante kosovar en una reunión de ministros de Exteriores de la UE en 2019 fue motivo suficiente para que el entonces encargado de la cartera, Josep Borrell (ahora a los mandos de la política exterior de la Unión Europea), se levantara de la mesa.

De hecho, para que España accediera a sentarse en la misma mesa que un representante kosovar el pasado mayo, tuvo que fijarse un encuentro sin banderas ni símbolos y en la que solo se refería a los líderes presentes por sus nombres y no por sus cargos. El hecho de que la reunión, celebrada por videollamada a consecuencia de la pandemia, fuera telemática facilitó las cosas.

Sin embargo, la férrea postura española en la cuestión no es la norma en el Viejo Continente. De los 27 países que forman la UE, 22 reconocen la independencia del país balcánico, todos salvo Grecia -paradójicamente, también en el mismo grupo clasificatorio, igual que Georgia que tampoco reconoce a Kosovo-, Chipre, Eslovaquia y Rumanía. Organizaciones transnacionales como la FIFA o el Comité Olímpico Internacional sí reconocen su soberanía, por lo que el país compite bajo su bandera.

“España ha procurado desempeñar un papel activo en contra de los esfuerzos de Kosovo (con frecuencia muy apoyado por la administración norteamericana) por ser admitido en organizaciones internacionales como UNESCO, Interpol, Organización Internacional de la Viña y del Vino, Organización Mundial de Aduanas, etc”, glosa la ficha país sobre Serbia de la Oficina de Información Diplomática, organismo dependiente de Exteriores, aunque el propio documento afirma que el texto no “defiende posición política alguna ni de este Ministerio ni del Gobierno de España respecto del país sobre el que versa”.

La dura posición política de España está marcada por el temor a alimentar los nacionalismos separatistas domésticos (especialmente el catalán) que implicaría reconocer la legitimidad de un país que se ha independizado de forma unilateral de otro. Los motivos de Grecia y Chipre -donde la mitad de la isla está gobernada de facto por la autodenominada República Turca de Chipre del Norte- son similares.