Los señalados en la selección española más allá de Morata: de Luis Enrique a Laporte, los capitanes, el banquillo…

Bien porque es el que más se ve cuando falla, bien porque se le tienen ganas de antes, o bien por una profunda ausencia de análisis futbolístico serio, el centro de las críticas a la selección española está siendo Álvaro Morata en esta Eurocopa.

Eso no significa que la culpa de la situación que atraviesa el combinado nacional sea suya, o no al menos al 100%, ya que como se vio ante Polonia, en este equipo hay más problemas de fondo y, con ello, varios señalados. A todos ellos se pueden unir las decisiones de Luis Rubiales, a quien habrá que pedir explicaciones más adelante. Desde el bochorno de las vacunaciones, pasando por la elección de la Cartuja, pero ahora en medio del torneo hay que mirar a lo que ocurre en el combinado nacional. Que no es poco.

Que no sea el único culpable, ni mucho menos significa que sea inocente. Morata sigue adoleciendo un serio problema de gol cuando afronta los metros finales.

Aunque marcó el primer tanto española de esta Eurocopa (validado por el VAR porque lo hizo al límite del fuera de juego, su zona de confort), la jugada nació de las botas de un Gerard Moreno escorado a banda, que aunque cumplió sin problemas, no es su posición habitual. Él la empujó porque estaba perfectamente colocado.

Lo inexplicable de su fallo a portería vacía en el penalti fallado precisamente por Moreno ya es otra cuestión. Con Szczesny vencido y todo a favor, incomprensiblemente lo mandó fuera. Eso no es culpa de los pitos del público o de las opiniones en los medios.

Pocos entrenadores de élite en España hay con la personalidad de Luis Enrique. Prueba de ello es su confianza ciega en Morata, que el futbolista le agradeció con un elocuente abrazo en la celebración del gol. Sin embargo, por querer llevar razón no ha sido capaz de adoptar soluciones a los partidos que se le han complicado. La personalidad y la testarudez están separados por una fina línea.

Ya desde el mismo momento de la lista de convocados generó cierta polémica por las ausencias (no tanto la de Sergio Ramos, pero también), y en sus decisiones en los dos partidos disputados se ha visto que no encuentra la clave para desatascar los encuentros que se ponen cuesta arriba.

Tras el fiasco de Suecia, Luis Enrique repitió once, cambiando a Ferrán Torres por Gerard Moreno. En lo estructural, era el mismo equipo que ya había fallado.

La imagen de un Aymeric Laporte débil y superado como si fuera un juvenil cuando Robert Lewandowski marcó el gol del empate deja claro que esta defensa no es ni mucho menos aquella que formaban Piqué, Ramos y Puyol en los años de gloria.

El nacionalizado hispanofrancés y Pau Torres (los centrales titulares de Luis Enrique, aunque tampoco hay muchas alternativas) no suponen un gran problema para los atacantes rivales, que con poco generan más peligro del que deberían. Afortunadamente, Unai Simón sí parece estar más espabilado y nadie echa de menos a David de Gea.

Los recambios del partido por parte de España fueron Ferrán Torres, Fabián, Sarabia y Oyarzábal. Lejos de revolucionar el encuentro (antaño cuando salían Cesc o David Silva sí se notaban cambios), el partido fue más de lo mismo.

No es tanto por falta de calidad, que evidentemente la tienen, sino porque ninguno de ellos es un jugador diferencial de los que puede servir de revulsivo cuando la situación lo requiere. Futbolísticamente, esta selección es un buen grupo pero falta un jugador clave. ¿Cambiaría la cosa si Adama Traoré empieza a contar más? Posiblemente no, pero por probar…

La ausencia de Sergio Ramos, más allá de lo puramente futbolístico, ha restado carácter al equipo nacional. Sergio Busquets y Jordi Alba tienen carácter, pero no el carisma o la ascendencia sobre sus compañeros como para pegar cuatro voces en el vestuario que les revolucione.

En momentos de crisis, y Luis Enrique lo sabe, un buen capitán puede ser determinante, no tanto por lo que pueda hacer en el campo, que también, sino por cómo puede motivar a sus compañeros. La ausencia de un referente que dé un paso adelante también explica, en parte, la desafección que tiene el público con este grupo.