Torpedo Villa Maravilla

Aquel 5 de julio el hombre del día era David Villa. El Guaje comandaba con sus cinco goles la tabla de máximos goleadores del Mundial. Sus tantos y las paradas de Casillas plasmaron el trabajo de todo el equipo y permitían estar a la Selección por primera vez en la semifinal de un Mundial. Villa no se había prodigado en entrevistas posiblemente porque había fichado por el Barça justo antes de empezar el campeonato y prefería centrarse en España y no responder aún preguntas sobre su nuevo equipo. Ese día atendió a Telecinco.

Villa indicó que el equipo iba de menos a más porque “nunca perdimos la confianza. Jugar al límite nos ha hecho estar más concentrados”. El Guaje tenía muchas ganas de enfrentarse a Alemania porque una lesión le impidió jugar la final ante esa selección dos años antes en la Eurocopa 2008. Miroslav Klose, entonces segundo máximo goleador histórico de los Mundiales, había alabado a Villa el día antes diciendo que estaba a la altura de Messi. El Guaje agrade igualara a Ronaldo Nazario en el tercer y cuarto puesto de aquel Mundial.

Cuando le preguntaron por un pronóstico, Villa contestó: “Ganar y hacer un buen partido, ser nosotros mismos y que la gente esté contenta y orgullosa. Estar en la final es nuestro objetivo, pero sin el Mundial es como si no hubiéramos hecho nada. Representamos a un país que está feliz con nuestros éxitos. Si conseguimos algo grande, también será culpa de toda la cantidad de gente que nos está apoyando”.

Villa acariciaba la leyenda. Después de igualar a Emilio Butragueño como máximo goleador español en un Mundial y de convertirse en el primer español que marcaba en cuatro partidos consecutivos en un Mundial, el Guaje perseguía entonces igualar a Gerd Müller. El mítico delantero de la República Federal Alemana había sido el único en ser máximo goleador en un Mundial y una Eurocopa. Villa había sido pichichi en la anterior Eurocopa con cuatro y apuntaba antes de semifinales también a convertirse en máximo artillero del Mundial 2010 con cinco goles anotado

‘Torpedo’ Müller fue máximo goleador del Mundial del 70 con diez goles. Y en la Eurocopa de 1972 también fue pichichi con cuatro dianas. Villa sería el segundo jugador en la historia en lograr ser Bota de Oro en un Mundial y una Eurocopa. Además, tenía a tiro a Raúl González Blanco, a dos goles, para superarle como máximo goleador de la historia de la Selección.

Quedaban dos días para el partido de semifinales y Villa acaparaba portadas. Aquel 5 de julio hubo mucha actividad en Potchefstroom, con todos los medios haciendo reportajes porque al día siguiente se viajaba a Durban para jugar ante Alemania. Ese día, Del Bosque seguía sin confirmar a Torres como titular. Se especulaba que si dejaba fuera a El Niño entraría Cesc Fábregas o Fernando Llorente…

Maradona: “Se acabó mi ciclo”

Si el día anterior se había publicado que los jugadores le habían pedido a Maradona que continuase como técnico de la selección argentina, hoy hace diez años se conocía la decisión del exfutbolista. Argentina se enteró por el diario Crónica de lo que el seleccionador dijo a sus vecinos y colaboradores. “Mi ciclo está terminado. Ya está, quiero disfrutar de mi familia”.

Lo cierto es que todos los rumores apuntaban a que no querría continuar al frente de la selección y era difícil que alguien pudiera hacerle cambiar de opinión. Julio Grondona, presidente de la AFA, le había transmitido su intención de que continuase al menos hasta la Copa América de 2011 y aseguró en la intimidad que él no sería quien lo despediría.

Desde el primer día empezaron a sonar nombres para el banquillo. Simeone (por aquel entonces sin banquillo tras dejar San Lorenzo de Almagro), el Tata Martino, Russo o Bianchi. Pero terminaría siendo Sergio Batista el elegido.

Irmátov, el mejor árbitro del Mundial

El árbitro uzbeko Rashván Irmátov se dio a conocer al gran público durante este Mundial. Sorprendió su designación para arbitrar el partido inaugural entre Sudáfrica y México, pero fue superando pruebas con buena nota hasta que fue elegido para dirigir la semifinal entre Uruguay y Holanda en Ciudad del Cabo. Una hazaña para Uzbekistán, un país con poca tradición futbolística.

En un escenario inmejorable, Irmátov demostró su nivel en los tres partidos que arbitró en la fase de grupos: Sudáfrica-México, Inglaterra-Argelia y Grecia-Argentina. La FIFA premió sus grandes actuaciones asignándole el Argentina-Alemania de cuartos de final con el que parecía que se despediría de Sudáfrica. Pero aún le faltaba otra sorpresa más, para su satisfacción y prestigio.

El éxito del colegiado uzbeko contrastó con el mal rendimiento de los árbitros de las grandes ligas europeas. La web worldreferee.com, especializada en arbitraje, le colocaba en el primer puesto en cuanto a valoración, mientras que el francés Lannoy y el español Undiano Mallenco ocupaban los últimos puestos de la lista en aquel momento.

Irmátov, de 32 años, ya tenía experiencia previa en un Mundial. En 2007 había participado en el campeonato Sub-20 de Canadá donde había dirigido a la Uruguay de Cavani y Martín Cáceres. Los charrúas cayeron contra Estados Unidos en octavos de final, un partido que se decidió en la prórroga

Pasión por Uruguay

En la historia del fútbol Uruguay siempre tendrá una página de oro. Fue la primera selección en ganar un Mundial y protagonizó una de las victorias más importantes de este deporte con el legendario Maracanazo. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, su papel protagonista, de la aristocracia balompédica, desembocó en el de un obrero meritorio, capaz de dejar buenas impresiones en algunos grandes torneos pero lejos de sentarse en la mesa de los gigantes Brasil, Alemania, Italia, Argentina y compañía. Sin embargo, en el 2010, una generación única liderada por Forlán y en la que brillaban Cavani, Godín y Luis Suárez, entre otros, devolvieron ese aire de grandeza a una selección celeste que contra todo pronóstico se metió en las semifinales de la Copa del Mundo, fase que no pisaba desde México 70.

El maestro Óscar Washington Tabárez, que tomó las riendas de la selección uruguaya en 2006, dirigía (y aún dirige) un equipo que basaba su fortaleza en la seguridad defensiva, con ese estilo aguerrido made in Uruguay pero que además contaba con tres espadas en la punta, una consagrada (Forlán) y dos en proceso de eclosión (Luis Suárez y Cavani). El entonces delantero del Atlético y el actual atacante del Barça fueron dos de los grandes protagonistas de Sudáfrica. El primero fue el Balón de Oro del Mundial, un torneo al que estaban citados Cristiano, Messi, Iniesta, Káká, … ahí es nada. Suárez, por su parte, se hizo estrella por un gol que no marcó sino que evitó con la mano para darle una última oportunidad en la prórroga a sus compañeros ante Ghana en una fotografía que es historia del fútbol.

Las manos de Casillas con la idea de Reina

Cuartos de final era la ronda de la mala suerte para España, o al menos para el sentir general de la afición. Los menos interesados en el fútbol habrían escuchado hablar poco de aquella selección paraguaya, pero fue una de las revelaciones del torneo y un hueso muy duro para los de Vicente del Bosque. Lucas Barrios, del Borussia Dortmund; Roque Santa Cruz, en el Manchester City; y Cardozo, estrella del Benfica, eran tres nombres que asustaban por sí mismos.

Para romper esta supuesta maldición de cuartos no solo se necesitaba un gran partido, también trabajo en equipo y la chispa de suerte que suele caer del lado del mejor. España aquella noche cumplió los tres propósitos.

Ese azar, más europeo que americano en Sudáfrica, fue el que hizo que, con tanto suspense, entrase el tanto de VIlla. Pero fue la unión del vestuario quien consiguió parar el penalti a Cardozo. “Muchas gracias a Reina, que es un fenómeno y me ha dicho por dónde le iba a pegar”, explicó Casillas. Su compañero le respondió públicamente: “Es cierto que recordaba de un partido de la UEFA con el Liverpool por donde tiraba los penaltis Cardozo y se lo tenía que transmitir a Iker. Pero el mérito ha sido todo suyo. Le agradezco el detalle que ha tenido de dedicarme su parada, pero el mérito es suyo. Es él quien nos ha mantenido en el partido con un partidazo”.