Pepe Reina, el devorador de bistecs

En la concentración del Barcelona, hace años, un chaval fortachón no paraba de hacer visitas a la bandeja de los filetes de carne durante la comida. Era tal la voracidad que llamó la atención de la mayoría de sus compañeros, incluso del propio Louis Van Gaal. Este imberbe era Pepe Reina, ‘un naranjito del 82′. Casi ciento noventa centímetros de portero con el objetivo de dejar el vacío que dejó Zubizarreta con su marcha al Valencia.

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Hijo del mítico Miguel Reina, ADN de guantes, afrontó el reto en un momento crucial para la portería del Barcelona, que se convertiría en una especie de silla eléctrica hasta que Valdés logró la estabilidad, no sin su vía crucis particular. Pepe tuvo que salir cedido al Villarreal después de dos años de sufrimiento. Y de ahí al Liverpool, de la mano de Rafa Benítez, donde ha logrado varios títulos colectivos y tres guantes de oro de la Premier League. Casi quinientos partidos en la Liga inglesa le sirvieron para estar en la selección española, siempre a la sombra de Casillas, pero con una excelente relación tanto a nivel individual como colectivo, lo que le ha servido para mantenerse hasta el día de hoy.

Aguantar en primera línea es su gran éxito. Y esa filosofía le ha servido para que Rafa Benítez cuente con él de nuevo para esforzar el proyecto del Nápoles. Llega en calidad de cedido, pero con la ilusión del juvenil. Vuelve a la Champions, donde aún tiene clavada la espina de la final de Atenas ante el Milan. Un trasvase que confirma algo que ya no es noticioso: el jugador español es reclamado para proyectos de alto nivel. Y Pepe es un buen ejemplo.

gracias: laenergiadelaroja