Goleada ‘made in Mestalla’

Somos líderes. Lo somos con un traje prestado, pues Suecia tiene un punto menos pero dos partidos aún por disputar para igualarnos, pero lo verdaderamente importante en Badajoz era sumar tres puntos que tras el tropiezo en Suecia se convertían en obligatorios. España reaccionó ante la presión, jugó bien y cimentó la goleada en Mestalla, patria chica de Gayà, Soler y Ferran Torres, autores de los tres primeros tantos. Y en la Nit de la Cremà de Las Fallas. El próximo miércoles aguarda Kosovo en Pristina, pero ese será otro cantar. Gritemos cada gol a su debido tiempo.

La revolución de Luis Enrique no pudo salir mejor. Hasta cinco cambios presentaba el once que saltó al Nuevo Vivero respecto al que cayó el pasado jueves en Solna. Uno de ellos, Marcos Llorente, tenía como tarea sorprender desde la segunda línea ante el previsible atasco diseñado por Willy Sagnol. Soler, que debutó ante Suecia y marcó, era el otro resorte con el que agitar la poblada defensa georgiana. Gayà, Rodri, Sarabia y Abel Ruiz completaban ese repóker de novedades. En el caso de este último, en Badajoz se producía su debut con la Selección absoluta, un eslabón más en esa cadena de internacionalidades que el ahora delantero del Sporting de Braga ha cubierto desde las categorías inferiores.

Georgia, mientras, cumplió desde el primer minuto lo que se preveía. Sagnol también realizó cinco cambios respecto a la derrota sufrida en casa ante Kosovo. La ausencia de Kvaratskhelia, autor del gol a España en la ida, dejaba al equipo huérfano en ataque. Y más aún con la frivolité de Sagnol (cuánto le gustaba esa palabra al mítico seleccionador de baloncesto Antonio Díaz-Miguel…), que jugó a ser más revolucionario que Luis Enrique y optó por situar de delantero centro a Giorgi Zaria, mediocentro del Dinamo Batumi.

El Nuevo Vivero solo tenía una banda, la izquierda, o eso parecía por el continuo ir y venir por ella de Gayà, quien contaba con la inestimable ayuda de su socio en el Valencia Soler. Los primeros ataques de La Roja llevaron ese sello che, aunque todos los centros fueron bien resueltos por la defensa georgiana, que ejercía de pinball, con los balones rebotando una y otra vez hasta caer de nuevo en las botas de Rodri o Llorente. Y vuelta a empezar.

Zaria se dedicaba a correr de lado a lado, ese era el parabrisas con el que Sagnol pretendía bloquear la creación del juego español. Kankava, otro de los pilares de contención de la selección caucásica, asistía como espectador al partido. Georgia achicaba agua hasta que en el minuto 14, llegó el gol del 14. Tras el saque de un córner, el balón quedó franco para la zurda de Gayà, quien no se lo pensó dos veces. Su disparo iba centrado, pero tocó en Kashia lo suficiente como para convertir a Loria en estatua de sal. Esa era la píldora que necesitábamos para calmarnos, un gol tempranero que permitiera jugar a partir de entonces a favor de corriente. Sucedió, porque España mantuvo la misma predisposición ofensiva, con Llorente cada vez con más protagonismo por la banda derecha. Una de esas internadas concluyó con un pase raso atrás que Soler remató a gol. La conexión Mestalla (Gayà-Soler) ponía firma al 2-0 cuando apenas se había llegado al minuto 25 de juego.

Las cámaras captaban a Luis Enrique y su gesto era inequívoco. Las cosas salían como había imaginado, los cinco cambios aportaban el fuelle que La Roja requería en este hat-trick de partidos a disputar en solo siete días. Las suplencias de Busquets y Koke, sin ir más lejos, están justificadas en el duelo del próximo miércoles ante Kosovo. Un partido con miga. El 2-0 animó a meter una marcha más al duelo y la sonrisa llegó a ser de oreja a oreja cuando al filo del descanso una nueva asistencia de Llorente fue convertida en gol por Ferran. 

Era la sentencia y la capitulación de los georgianos, que bastante hicieron con tutear a España en la ida pero que en Badajoz veían cómo el juego reflejaba fielmente lo que dice el ranking FIFA: puesto 91º por el 7º que ocupa la Selección española. De ahí al final, coser y cantar para los de Luis Enrique, que al descanso decidió meter a Albiol en lugar de Laporte, convertido en el socio de Eric Garcia, a quien el seleccionador no dudó en llenar de confianza tras las dudas y críticas despertadas por la derrota ante Suecia. El tramo final dejó como notas más destacadas el cuarto gol, obra de Sarabia, que no deja de crecer en La Roja, las molestias de Gayà que le obligaron a ser sustituido y el debut como internacional de Robert Sánchez, el 25º jugador que se estrena en la absoluta con Luis Enrique en el banquillo. Dos manos más para empujar este proyecto que no tiene otro destino que el Mundial de Qatar. El miércoles, en Kosovo, una nueva etapa.