Por la redención sin revolución: los clásicos con Koke y Rodrigo

El “este no es el camino” con el que echó el telón Hierro al España-Marruecos no llevará aparejado un “este no es el equipo”. España toma hoy ante Rusia, anfitriona, la ruta de la seda en este Mundial llena de incertidumbres y con indicios de que mantendrá su fisonomía. Tocar demasiado puede acabar significando tocar el estilo, que se tiene por innegociable.

Hierro está por la insistencia. Empezando por De Gea, al que le han tirado siete veces con resultados devastadores: cinco goles, una cruceta y una parada. Las encuestas piden su relevo. No sucederá. Reina ha tenido problemas físicos y Kepa sólo ha jugado 90 minutos con España. Poca instrucción para tirarlo en paracaídas en un Mundial.

Se espera a Koke, de los más perjudicados con la marcha de Lopetegui. Con él sólo faltó en cinco partidos, dos por lesión, y ya ha sido suplente dos veces en el Mundial. Y los indicios apuntan a Rodrigo por Costa. Del Bosque le hizo debutar hace cuatro años. Luego entró en el túnel y Lopetegui no le reclamó hasta octubre del año pasado, cuando apuntaba a una resurrección en el Valencia (19 goles). Su único partido completo con la Selección fue precisamente ante Rusia, en noviembre. Y su mejor actuación, la primavera pasada, ante Alemania. Su velocidad puede ser veneno para los veteranos y lentos centrales rusos. Del resto cambiará poco pese a que Iniesta y Silva, de 34 y 32 años, respectivamente, han llegado con más de 40 partidos en sus clubes. Busquets, que cumple 30 años este mes, superó los 50. Todos los internacionales del Barça, en realidad, pasan de 44 y los del Madrid, de 41. Isco, Lucas y Asensio son los tres futbolistas a los que Zidane puso en más partidos.

Además, las edades medias de los tres onces de España en Rusia son las más altas de toda su historia en los campeonatos del mundo: 29 años, nueve meses y 10 días contra Portugal; 29 años, ocho meses y 13 días ante Irán; y 29 años, ocho meses y 9 días contra Marruecos. Para encontrar un equipo tan veterano hay que remontarse a Chile 1962 (29 años, siete meses y 23 días en el estreno ante Checoslovaquia). En Moscú se ventilará si pesa más la experiencia o la fatiga.

Porque Rusia planteará un encuentro enérgico. Su media de pases por partido es casi la mitad que la de España (416 frente a 795) y también es muy inferior en posesión (43%-68%), pero suma el doble de contragolpes y está por encima en faltas cometidas, disputas ganadas y recuperaciones de balón. Su seleccionador, Cherchesov, le ha dado muchas vueltas al equipo. Después de tres entrenadores extranjeros que no deslumbraron (Hiddink, Advocaat y Capello) y el pinchazo con Slutski, le eligieron a él. “Conoce el fútbol ruso”, fue la explicación del ministro de Deportes, Vitali Mutko. También ayudó su doblete en el Legia polaco.

Una preparación llena de derrotas

“Adelante sin miedo ni dudas”, es el lema de vida que difunde en su página web, pero los hechos hablan de otra cosa. Perdió nueve de los 20 partidos de preparación y a base de coscorrones renunció a su zaga de tres centrales. Así jugó (y empató 3-3) frente a España en noviembre. Sólo uno de los que estuvieron aquella tarde apunta a titular. Ha sido, pues, un trayecto con muchas curvas: las lesiones graves de defensas como Kambolov, Vasin y Dzhikiya le llevaron a convocar a Ignashevich, marcador histórico de casi 39 años y que llevaba dos fuera de la Selección. También tiró de Cheryshev, que debutó con Capello, que jugó un solo partido con Slutski y al que no llamaron en dos años y medio. Empezó de suplente y ahora es máximo goleador del equipo. Es uno de los dos jugadores que no actúan en la Liga rusa, dato que habla de la excesiva vida interior de la selección.

Dzyuba, un delantero centro gigante, ha acabado quitándole el puesto a Smolov, la presunta estrella. Lesionado Dzagoev (que ya está listo, pero apunta a suplente), Golovin, un mediapunta del CSKA, es ahora el jugador crucial de un equipo de laterales largos, mediocentros resistentes e interiores llegadores. Cherchesov, que sólo convocó a siete de los que fracasaron en la Eurocopa de hace dos años, reservó jugadores ante Uruguay pensando en España. En ese partido perdió al suplente Smolnikov, expulsado. “Al enemigo podemos entregarle el territorio, pero no la iniciativa”, explica el técnico. Un mensaje que sugiere una cesión de la pelota pero un máximo aprovechamiento del juego al espacio. Ese es su plan, más el empujón del público. No parece suficiente para la España que llegó hasta aquí, pero quién sabe si para la que achica agua en el Mundial.