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Jesús Navas siempre fue catalogado como un jugador diferente cuando fue captado por los ojeadores del Sevilla. Eléctrico, rápido, osado, valiente, preciso… Un cliché que todos los entrenadores buscan en su plantilla porque ofrecen lo que no pueden dar otros. Sus profesores sobre el césped le fueron mimando el crecimiento deportivo, dificultado por un acusado cuadro de timidez, hasta que explotó física y mentalmente.

Se soltó de un modo casi inesperado. Y entonces creció como futbolista. Navas se sintió fuerte, convencido… En uno de los test sobre la cinta de correr escenificó una de las anécdotas del club. Apoyaba sus pies con una frecuencia tan elevada que hizo saltar por los aires sus microchips.

España-Republica Checa

Navas era rápido. Un rayo. Dieces altos y onces bajos en un recorrido de cien metros con cronómetro manual. Eso en atletismo es pura casta de velocista. Y Jesusito lo era. Y lo sigue siendo. Ahora en el Manchester City. Sus primeras semanas en su nuevo club le han servido para ganarse el cariño de la afición y de los medios que siguen al equipo. También en la selección española. El cuerpo técnico lo ve como el jugador llamado a romper los partidos bien en el once o saliendo desde el banquillo. Ahora, ante Finlandia, puede que se repita el guión del partido en España, con un rival encerrado y con las líneas muy juntas. Por eso, Navas puede ser la llave que abre el candado que lleva por el camino más recto al Mundial de Brasil.

Foto © Carmelo Rubio

gracias: laenergiadelaroja