Toni, Grande de España

España aún se lamía las heridas por la derrota ante Suiza mientras sus inmediatos rivales aprovechaban la situación para coger moral. Reinaldo Rueda, seleccionador de Honduras, siguiente obstáculo de España, dejó una frase de las que luego pasan factura en la hemeroteca: “Ya dije que el rival es Chile…”. A la misma hora que Rueda, en la concentración de la Selección en Potchefstroom, Del Bosque apareció para zanjar la polémica por las declaraciones de Luis Aragonés en ‘Al Jazeera’. “No hay dos Españas, no hay una España de Luis y otra de Del Bosque”. “No vamos a dar bandazos a estas alturas, para el próximo partido si acaso, sólo habrá algún retoque…”. En ese momento nadie lo sabía, pero Del Bosque estaba anticipando la suplencia de Silva, que luego traería cola. El canario, eso sí, acabaría recuperando su plaza en los momentos más importantes.

Los menos afectados por el 0-1 ante Suiza parecían los jugadores. Muchos, diez de ellos, aprovecharon el día de descanso para hacer un safari. Puyol, Piqué, Capdevila, Xavi, Silva,Llorente, Pedro, Javi Martínez, Mata y Valdés disfrutaron viendo animales salvajes y comieron un asado que realizaron en su honor. Casillas, Torres, Villa, Reina, Busquets, Marchena e Iniesta prefieron quedarse en la residencia. Cesc y Marchena se ejercitaron y Sergio Ramos fue a realizarse una prueba. Fue un día largo para el seleccionador ayudante, Toni Grande, que era el nexo entre Del Bosque y los jugadores. La relación de Grande con los futbolistas era constante, persistente. Del Bosque se medía más. Ahora, diez años después, hay que reconocer que Grande fue uno de los grandes secretos del éxito de España.

En tanto los seleccionadores ocupaban su lugar, con Rueda metiendo baza en el mal momento de España y Del Bosque quitándole hierro a las declaraciones de Luis, el tirón de la Selección no había sufrido merma. El España-Suiza atrapó a 9.771.000 televidentes (58,7%). El minuto de oro (17:51) lo fijaron 11.106.000. El debut de La Roja en Alemania lo vieron 9.297.000 personas. Pese a la inesperada derrota, la gente estaba con la Selección. En la residencia de Potchefstroom, a 135 kilómetros de Johannesburgo, los jugadores vivían en una burbuja, sin contacto con la realidad más allá de las noticias que les contaban sus familiares y amigos y por las que publicaba AS, que hizo una edición especial en imprentas sudafricanas para hacerles llegar cada día el pulso de lo que pasaba en nuestro país y en el resto de los otros 31 que disputaban el primer Mundial en África.