Una de pitos y exigencia extrema

El fútbol vive del presente y demuestra tener poca memoria cuando se producen ciertas situaciones, los pitos al Atlético de Madrid y la Real Sociedad en las últimas jornadas o la situación de Iker Casillas así lo demuestran. No es algo nuevo y como vamos a comprobar a continuación le ocurrió a grandes jugadores y equipos.

Diego Pablo Simeone es el auténtico motor del Atlético campeón. Su figura ha pasado a ser un icono para un gran porcentaje de la afición colchonera, pero en el encuentro ante el Celta cierto sector del Calderón recriminó una decisión técnica. No se trata de un divorcio ni nada parecido, pero lo cierto es que de la exigencia del público que se acostumbra a ganar no es fácil salvarse. Un ejemplo claro de ello es el de Iker Casillas, ídolo en su club y en la selección durante más de una década. El portero pasa por un momento personal terrible y debe escuchar en cada partido el juicio de un sector del público que no le perdona algunos errores. Poco sirve que el jugador levantara hace pocos meses la décima Copa de Europa para el club; en este momento su futuro es una incógnita.

Esta situación no solo ocurre en los equipos grandes. En San Sebastián se ha disfrutado de un gran fútbol en los últimos años, con jugadores que llevaron al cuadro de Anoeta a disputar la máxima competición continental por tercera vez en su historia. El éxito lógicamente es indiscutible, ya que jugar la Champions no es algo que suceda todos los años para el cuadro Txuri-Urdin. Sin embargo esta temporada la situación ha dado un giro sustancial y el equipo no ha comenzado con buen pie la temporada. La ira del público ya se ha hecho notar y algunos hablan de que debe haber modificaciones drásticas. Acostumbrarse a ganar es el cambio más fácil para un seguidor, volver a la realidad siempre representa un paso muy duro. Una de las aficiones que mejor conoce estos cambios drásticos y que vive siempre en un continuo amor-odio respecto a su equipo es la del Valencia. El club vivió una sequía larguísima de títulos entre 1980 y 1999. Acostumbrados a sufrir, la afición tuvo que soportar incluso un descenso en 1986. Pero todo cambió con el comienzo del nuevo siglo.

El buen rendimiento en la Champions League (se jugaron dos finales) y los dos títulos de liga conquistados en 2002 y 2004, convirtieron al Valencia en el tercer grande de España, un equipo capaz de competir cara a cara con Real Madrid y Barcelona y ganarles; una situación maravillosa para los aficionados pero por encima de las verdaderas condiciones económicas y deportivas del club. El Valencia ganó títulos gracias a sus excelentes entrenadores y una generación de jugadores casi irrepetible. Su forma de competir rozó la perfección, pero lógicamente el club no pudo mantener esa dinámica durante los siguientes años y la afición se mostró muy crítica. No es fácil dejar de comer en restaurantes de cinco tenedores cuando el bolsillo no lo permite. La mala gestión hizo del Valencia un club a la deriva y la presión se hizo insostenible. Pese a que la época Emery no fue tan brillante como algunos hicieron ver, si que es cierto que el técnico de Hondarribia cumplió los objetivos y llevó en la mayoría de ocasiones al equipo a la Champions. Nuevamente la crítica y la exigencia estaba por encima de las posibilidades. Todo el mundo recuerda el ocaso del Barça de Cruyff. Tras disfrutar de un fútbol brillante en la temporada 1993-94, el castillo se vino abajo. En aquella temporada mágica Romario y Stoichkov convirtieron el Camp Nou en un escenario de dibujos animados, pero lo cierto es que a partir del fracaso de Atenas Johan Cruyff perdió su crédito. De nada sirvieron las cuatro ligas ganadas anteriormente ni el juego preciosista que se había visto. A partir de ese momento Cruyff fue cuestionado en todas sus decisiones; contar con su hijo Jordi fue una de las más discutidas.