La llegada de Diego Costa al seno de la Selección española no fue sencilla. Entre la decisión de renunciar a su Brasil natal y las posteriores lesiones que retrasaron su estreno como internacional y las que casi le cuestan el billete para el Mundial, el delantero se ha visto sometido a un cuadro de estrés notorio.
Todos los focos apuntaron en un momento determinado a su vida, su pasado,su familia, su país… Su carácter introvertido contribuyó a recrear un situación con una vertiente negativa acentuada. Este proceso fue identificado desde el primer momento por los responsables de la Selección y diseñaron un plan discreto para que aliviase todo ese tipo de presiones que rodeaban al jugador y a la persona.
Una de las primeras actuaciones fue convocar a los veteranos del equipo para transmitirles dicho objetivo. No hacía falta porque desde hace años el hecho de acudir a la Selección es un placer. También lo ha sido para Diego Costa. Se le ha visto muy cómodo en los entrenamientos, siempre rodeado y arropado por los compañeros.
Superado este trámite el siguiente frente de preocupación pasa por su rendimiento en Brasil. Sólo ha podido participar en dos partidos y no ha hecho gol, un detalle que siempre acaba por afectar a los delanteros. Un hecho que puede convertirse en lastre si en los distintos estadios la toman con él por haberse decantado por España.
La terapia, de momento, va bien. Pero aún no ha llegado el momento crítico. Lo veremos el viernes, en el primer partido contra Holanda. Para empezar existe la duda si será titular, que si no fuese así serviría para añadir más literatura a su situación.
gracias: laenergiadelaroja
