El sufrimiento de Xavi

Son muchos los elogios que acapara Xavi Hernández. El guía, la brújula, el faro, el arquitecto, el motor, el hombre orquesta… El futbolista idóneo para el fútbol cartesiano que ha practicado la selección española y el FC Barcelona en sus últimos años. Con su raspado 1,70 metros, Xavi se ha erigido en un referente nacional e internacional al que le birlaron algún que otro galardón en la parcela individual. Ese laurado palmarés ha sido cincelado con mucho sudor y más de una lágrima porque su carrera no ha sido nada sencilla.

Xavi se ha visto en la obligación de reinventarse permanentemente. Louis Van Gaal le hizo debutar en el primer equipo del Barca en 1998 pero alternó con el filial. Mientras, en las categorías inferiores, de la mano de Iñaki Sáez, se movía en el puesto de segundo delantero, por detrás del punta y de enlace con los medios centro. Jugando ahí ganó el Mundial sub 20 de Nigeria y se colgó la plata en los Juegos de Sidney en el año 2000.

XAVI_ARQUITECTO

En la temporada siguiente, la lesión de Guardiola le obligó a alejarse de la portería rival para organizar el juego azulgrana (fue el mismo año que debutó con la selección absoluta). Con Lorenzo Serra Ferrer, Rexach y de nuevo Van Gaal llevó las riendas, pero Antic le devolvió a un puesto más avanzado. Le pidió que volviese a pisar el área, donde había destacado en las categorías inferiores con el equipo nacional. Otra vez a cambiar el chip. Otra vez a modificar los hábitos, el movimiento en los espacios.

 

Poco le dudaría el rol porque Rijkaard se sentó en el banquillo azulgrana. Es más, Xavi no era del agrado del nuevo técnico tulipán. “No creía en mí”, reconoció el propio jugador, que estuvo a punto de salir del Barcelona. Frank quería un jugador con un perfil más físico para moverse en esa zona. No hizo el cambio y la jugada le salió bien.

Xavi, por entonces, era el jefe. Creció en la selección de la mano de Luis Aragonés pese al fiasco en el Mundial del 2006 de Alemania y se consagró en la Eurocopa de 2008. Además, la llegada de Guardiola reforzó su estatus. No había sido sencillo llegar hasta ahí y era el momento de exprimir todo el sufrimiento acumulado a lo largo de los años porque no había sido un camino de rosas, incluida la grave lesión de rodilla en 2005.

Xavi peleó y ganó. En su club y en la selección. Siempre al servicio de los demás. La mejor correa de distribución de la etapa dorada del fútbol español. Pero detrás de cada temporada hubo mucha lágrima hasta que llegó la consolidación, ya que para ser jugador de élite con casi 1.000 partidos entre club y selección hay que dejarse la piel. Una piel adornada con mucho títulos y mucho sudor.


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