Le hacía falta a Isco encadenar dos partidos como los de Valencia y Anfield. Dos actuaciones con un papel de actor principal. Un puñado de minutos encadenados con la confianza del entrenador y con la complicidad de sus compañeros. El resultado está ahí. Dos partidazos del Real Madrid y dos grandes interpretaciones de juego en sus botas. Un extraordinario trabajo que debería tener continuidad en el Clásico del sábado en el Santiago Bernabéu.
Una de las grandes esperanzas del fútbol español vuelve a relucir en su mejor versión. Construyendo juego, inventando pases imposibles, haciendo goles y multiplicándose en la tarea defensiva, una de sus facetas a mejorar. Su rendimiento no representa una novedad. Por eso Isco llegó al Real Madrid, donde se le cortó la proyección por la competencia que existe en ese club.
Isco es uno de los pilares del futuro de la Selección española y ahora más que nunca precisa de su fútbol, de su magia y de su entrega para volver a entrar en los planes de Vicente del Bosque. Salir aplaudido de Anfield es para tomárselo muy en serio. Para reflexionar en público y en privado. Las grandes competiciones encumbran a los jugadores y el escenario de la Liga de Campeones es el idóneo para que Isco regrese a la absoluta con galones de jugador titular.
Los grandes titulares son siempre para Cristiano Ronaldo, James Rodríguez, Karim Benzema o Gareth Bale. Pero ahí está el jugador del Arroyo de la Miel para decir “aquí estoy yo”.
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