Vicente del Bosque arrancó su vehículo y puso dirección hacia Levante. En la carpeta llevaba un informe sobre un jugador de 14 años que iba a disputar un partido de cadetes. Todas las anotaciones eran positivas, pero faltaba la última opinión del responsable de captación del Real Madrid. Cogió sitio en la tribuna acompañado por el cura responsable del Don Bosco, el cura futbolero. “Tengo que ficharlo”, dijo para sus adentros el hoy seleccionador nacional.

Allí estaba Roberto Soldado, un año más pequeño que el resto de jugadores, haciendo de las suyas. Peleando, corriendo como un diablo, pegándole al balón de manera despiadada y, lo más importante, haciendo goles. No había dudas. Era jugador de futuro para el Real Madrid con verlo solo noventa minutos. El ya estaba convencido. Faltaba que el cura, los padres y los profesores entendiesen la decisión que iban a tomar toas las partes.
Desde ese día han pasado otros catorce años. Durante este tramo, Soldado se formó en la cantera blanca, pasó por el Osasuna, regresó al Real Madrid, Getafe y Valencia. Debutó con la selección española y se ha hecho un nombre a nivel internacional. Tanto, que el Tottenham ha puesto casi 30 millones encima de la mesa del Valencia y el jugador ha hecho las maletas para jugar la próxima temporada en la Premier League.
Del Bosque tuvo buen ojo, aunque Soldado no triunfase en el Real Madrid en las dos etapas que consumió. Ahora, los responsables de la selección tendrán que aumentar la frecuencia de viajes a Inglaterra porque allí han llegado este verano jugadores como Navas, Negredo y el propio Soldado. Todos estrellas de cinco puntas en el pecho.
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