Jamás pensó Gerard Piqué que estaría tan ansioso por recibir la llamada de Del Bosque para acudir a la selección. Esto fue lo que sucedió en la última concentración de España. El internacional no estaba pasando por un buen momento en el FC Barcelona, con algo de distancia con Luis Enrique, y rogaba una citación para cambiar de aires. Y eso que el central ha tenido algún que otro roce en la convivencia del día a día en los grandes campeonatos, como sucedió en el Mundial de Brasil.
La suplencia en el club azulgrana fue interpretada por los más críticos como el principio del fin para Piqué. Le daban por perdido para el fútbol de alta competición a la par que Del Bosque le llamaba para la selección pese a su condición de suplente en el Barcelona. Ese gesto de convocar roles dejando al lado un momento puntual supuso el rescate anímico y futbolístico de uno de los mejores centrales del mundo.
Piqué respiró cuando vio su nombre en la lista para los choques ante Bielorrusia y Alemania. Apto. Citado. Convocado. Respetado. Querido. Valorado. Cuidado… Su respuesta fue buena, muy lejos de aquella ante Eslovaquia o en otros partidos contra el Barcelona. Eso no le importó al seleccionador. “Es un buen chico”, comentaba sin tapujos Del Bosque en conversaciones privadas. Le tiene cariño deportivo y le tiene en alta estima futbolística.
Del Bosque, con su llamada, le rescató de un escenario incómodo para volver a la senda del buen rendimiento. Y no es el primero que resucita con esta medicina, como es el caso de Iker Casillas. Luis Enrique debería darle las gracias al míster porque le ha activado un valor importantísimo para el Barcelona.
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