Un futbolista camina bajo la vigilancia de miles de ojo anónimos. Si además se trata de un deportista de elite se acentúa el marcaje. En el fútbol, hoy, la memoria de los aficionados es más frágil que antaño y los profesionales se enfrentan a exámenes permanentes. Uno de los más exigidos ha sido Sergio Ramos.
El campeón del Mundo y de Europa se vio envuelto en un polémica sin pies ni cabeza. Un sector de los aficionados olvidó la máxima de que “de los buenos nunca se puede dudar. Sólo hay que esperar” y cargó las tintas contra el central. Sin embargo, Ramos es bravo. De sangre caliente. En privado siempre apelaba a lo mismo: “Que digan lo que quieran. Voy a currar duro y tengo claro que se invertirán las tornas. Confiad en mí”.

Dicho y hecho. Impulsado en su cabezoneria, Ramos vuelve a moverse en las cotas que hablan de un rendimiento óptimo en un terreno de juego. Ahora ni se discute su jerarquía ni se plantean situaciones de futuro kafkianas. Una extraordinaria noticia para Del Bosque, que ve en Ramos uno de los pilares de este equipo campeón. Ahora que Puyol está flaqueando, lo cual no es excluyente para acudir al Mundial, el seleccionador no quiere sobresaltos.
El compromiso del jugador del Real Madrid es innegociable con la Selección. En lo deportivo y en lo humano. En el cuerpo técnico alaban su entusiasmo por liderar un proyecto del que se espera mucho cuando ruede el balón en Maracaná.
gracias: laenergiadelaroja